jueves, junio 25, 2009

El juego del Angel: mucha página, poco contenido


El juego del ángel


Carlos Ruiz Zafon



Que mi primera aportación en Hélice esté referida a uno de los best-sellers que ha arrasado en ventas en los últimos meses no es sólo casualidad, aunque algo de ella hay. Y digo que no es casualidad porque hay que tener en cuanta que el “Juego del ángel” es una novela que se puede clasificar sin ningún problema como perteneciente al género fantástico. Que un producto literario con esas connotaciones se convierta en el libro mas vendido del año en este país debe llevar a reflexionar sobre si el género es tan minoritario como se viene afirmando desde siempre.

El fenómeno es, desde luego, atípico. Pocas ediciones de un título alcanzan la difusión que ha tenido, y tiene, esta novela. La inversión en publicidad del grupo Planeta ha sido abrumadora. La novela estaba presente en todos los medios de información. Programas en radio, televisión y columnas en los principales periódicos, han contribuido de manera fundamental a la difusión de este producto, pues de eso se trata en definitiva: un producto de consumo masivo para paladares poco exigentes y poco preparados. Un producto de consumo como puede ser el último yogurt con “trífidos” activos o la ultima versión de MP4.

Ya se ha incidido en otros lugares en que existen algunos libros que son leídos por los que nunca, o casi nunca, leen otros títulos. Es, digamos, el libro de moda que hay que leer, el best seller en su nomenclatura anglosajona. Pocos de esos títulos pueden ser considerados interesantes por otros tipos de lectores mas avezados, sin embargo, éstos, son los que balancean hacia el beneficio la cuenta de resultados de muchas editoriales. El “Juego del ángel” es uno de esos libros que se lee simplemente para decir que se ha leído y se está a lo último en la intelectualidad mal entendida.

Carlos Ruiz Zafón obtuvo un inusitado éxito con una anterior novela titulada “La sombra del viento”. Esta novela pasó desapercibida, o casi, en un primer momento, pero el boca a boca de los lectores consiguió que llegar a estar varios años entre los libros mas vendidos. Es una novela de fácil lectura y que contiene muchos elementos que gustan a casi todos: amor, aventuras, misterio y personajes perfectamente encuadrables en una de las dos categorías fundamentales de la historia de la humanidad los buenos y los malos, sin matices, sin dobleces. Probablemente estos iconos y estereotipos son los que le proporcionaron su fantástico éxito.

Varios años después nos encontramos con el nuevo, y esperadísimo, título del escritor. La historia trascurre en la Barcelona del primer tercio del siglo XX donde un escritor, David Martín, que vive de publicar folletines firmados con seudónimo, es contratado por un enigmático personaje para desarrollar un texto que sirva de base para una religión. En su tarea se verá rodeado de extraños fenómenos y de personajes diversos que le impulsarán a buscar una verdad escurridiza.

Zafón vuelve a retomar algunos clichés de su anterior novela como el borgiano “cementerio de los libros olvidados” que en esta ocasión sufre un atisbo de explicación de su origen, que no de su existencia y continuidad. Podemos ver, asimismo, la anterior generación de libreros, los Sempere, que ayudarán al protagonista en diversas oportunidades. Se retoma aquí, de alguna manera, una de las tradiciones literarias catalanas como es la de escribir sobre la burguesía catalana. Recordemos la saga de los Rius (Mariona Rebull, El viudo de Rius, Desiderio, Diecinueve de julio y Guerra Civil) escritas en la posguerra por Ignacio Agustí) o la de los Pedrell pertenecientes a los Episodios nacionales contemporáneos de la pluma de Ricardo Fernández de la Reguera y Susana March. En la línea de estos antecedentes, la descripción de esta burguesía está muy en consonancia con la que se ha vendido habitualmente: inteligentes, trabajadores, cultos y solidarios. El estereotipo funciona perfectamente porque los Sempere son personajes “buenos” sin ningún matiz.

Y es que ese es uno de los graves problemas de la novela: sus personajes son absolutamente increíbles, en su contexto, y demasiado predecibles en sus comportamientos. Zafón no sabe, o no quiere, desarrollar estos personajes para potenciarlos y dar al lector un esbozo de lo que éstos piensan y por qué hacen lo que hacen. Parece lógico pensar que el autor no quiere expresarse a través de sus personajes y si de sus acciones, aunque éstas no sean suficientemente explicables o siquiera lógicas. Los protagonistas de la novela están llevados a los extremos. Todo es extremista en ellos: o son angelicales o malévolos. No hay doblez, dudas u otro atisbo de personalidad mas allá del cumplimiento de sus objetivos marcados. Son blanco o negro. Como es natural en cualquier folletín, pues esto es lo que es “El juego del ángel”, son necesarios estos estereotipos para que el lector se identifique con los personajes y que puedan resultar atractivos. Por otra parte estos personajes se comportan como lo harían en este siglo XXI y no como deberían hacerlo a principios del siglo XX. Esa liberalidad catalana de la década de los 30 no parece aceptable sobre todo en el comportamiento de los personajes femeninos y menos en el de la protagonista que tiene reacciones equiparables a las de una chica actual.

Que Zafón es un artesano eficiente no se pude negar y que conoce las artimañas del oficio tampoco. Y, puesto que las conoce a fondo, no es de extrañar que use como base de su trama un mito de la literatura mundial como es el de Fausto, pues la novela no deja de ser una versión mas del mito mefistofélico. El lector avezado, o no, reconocerá inmediatamente en dos de los personajes sus contrapartidas en la novela renacentista Historia von D. Johann Fausten. Si en su anterior novela adaptaba “El fantasma de la Ópera” a sus propósitos, en ésta no podía ser menos usando otro clásico de la literatura. Es, una vez mas, recurrir al famoso “si funciona, no lo toques”. En ese aspecto el autor es un consumado especialista y elige bien sus inspiraciones.

Técnicamente se echa en falta una revisión de estilo en la novela. Parece que la premura en los tiempos de entrega, o en las fechas de lanzamiento de la novela (tenía que estar impresa y distribuida para el día del libro de este año), ha impedido que se revisara a fondo el texto. Esa revisión hubiera mejorado sin duda el resultado final, evitándose algunas farragosas metáforas y descripciones y algunas imprecisiones que jalonan la novela.

Pese a sus, para mi graves defectos, nos encontramos ante una novela que no aburre y en la que se puede encontrar acción y aventuras en una lectura muy ligera y fácil. A fin de cuentas estamos ante un folletín decimonónico actualizado que en estos tiempos de inmediatez puede ser mas que suficiente para muchos.

Publicado originalmente en Hélice nº 10

(c) Alfonso Merel0 2008-2009

1 comentario:

JJ dijo...

¿Te creerías si te dijera que me lo sospechaba?